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La mayoría de las paredes ásperas se deben a papeles pintados antiguos, pintura descascarada o simplemente un enlucido de mala calidad. Dependiendo de cuán áspera sea la superficie, necesitarás diferentes enfoques.

Para paredes ligeramente ásperas, a menudo es suficiente lijar con lija (grano 120-180) y luego aplicar varias capas finas de masilla. Aplicas la masilla con una espátula ancha, la dejas secar y luego lijas de nuevo. Repites varias veces hasta que desaparezcan las irregularidades. Lleva su tiempo, pero es el método más confiable. Después lija una vez más con un grano más fino (240) y tendrás una superficie lisa para pintar.

Para paredes muy ásperas o si quieres ahorrar tiempo, merece la pena una masilla autonivelante: la distribuyes, se nivela sola y te ahorra varios pasadas. Es importante desempolvar bien de antemano y preparar la base, si no nada se adhiere correctamente. Algunos también recurren a revestimientos superficiales especiales o alisadores de enlucido rugoso, pero honestamente, suele ser más caro y no mejor que el masillado clásico. Con paciencia y el material adecuado, consigues cualquier pared lisa.

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