No es que 10 años signifique automáticamente "tirar a la basura". Las botas de esquí son bastante robustas si se conservan bien, y el hecho de que el cierre funcione ya es una buena señal. La suela gastada es la parte menos preocupante: puedes hacer que la regeneren en un taller especializado, cuesta poco y resuelve el problema. Lo que realmente importa es el estado interno, la rigidez de la carcasa y si la membrana impermeable (si había una) no se ha deteriorado.
Mi consejo: llévalas a una tienda de esquí para una evaluación rápida. No necesitas nada más complicado, solo que alguien las mire 5 minutos y te diga si hay grietas en la carcasa, si la espuma interna sigue siendo decente y si todavía tienen una buena estructura. Si todo parece ok, la regeneración de la suela cuesta unos 40-60 euros, mucho menos que botas nuevas. Si en cambio la carcasa está dañada o deformada, entonces no vale la pena.
La tecnología en las botas de esquí ha mejorado, es verdad, pero no es que los Salomon de 2014 sean dinosaurios. Si son cómodas y la estructura está intacta, seguirán permitiéndote esquiar sin problemas. La actualización tecnológica solo conviene si las botas ya no te gustan o si de verdad no aguantan más.