No aguantes el dolor esperando a que se adapten, porque si te duelen los talones y laterales después de dos días esquiando significa que la horma no es la tuya y punto. Antes de devolverlas, prueba esto: mete las botas en un horno a baja temperatura (tipo 60-70 grados) durante unos minutos para que el material se ablande un poco, luego póntelas con los calcetines de esquí que uses normalmente y ajústalas bien mientras están calientes, déjalas enfriar puestas. Si aún así te siguen matando, devuélvelas sin dudar, porque esquiar con dolor es una mala idea y además terminarás con ampollas que te fastidian el resto de la temporada.