Si tu problema es que tienes zapatos que no usas, probablemente estés comprando para ocasiones hipotéticas en lugar de para lo que realmente usas. Lo que tienes que hacer es partir de lo que haces efectivamente: ¿cuántas veces a la semana sales de casa? ¿Trabajas en oficina, desde casa, de un lado para otro? ¿Sales por las noches seguido? Una vez que sabes cómo pasas tu tiempo, elige modelos que cubran esas situaciones recurrentes, no las excepciones. Yo por ejemplo me di cuenta de que compraba zapatos elegantes que nunca me ponía, mientras andaba en zapatos cómodos todos los días. Entonces saqué la mitad del armario e invertí en pares que realmente uso.
Para versatilidad de verdad conviene tener una bota o un zapato a mitad de camino entre lo casual y lo formal - algo como un Chelsea boot o un botín, que te pones tanto con jeans como con un vestido. Después una zapatilla decente (no para el deporte, sino de verdadera gimnasia urbana), y si tu trabajo o tu vida lo requiere, algo más formal. Los colores neutros ayudan, claro, pero el factor más importante es que sean cómodos: un zapato lindo que te duela no te lo pones, punto.
La otra cosa que te recomiendo es que seas honesta antes de comprar: ¿te ves usando este zapato la próxima semana? Si la respuesta no es "sí" de inmediato, no es para ti. Mejor tener cinco pares que usas seguido que veinte que se quedan en la zapatera.