Lo más importante es dejar que el blanco del papel trabaje a tu favor: no intentes cubrir todo con carbón. Parece obvio, pero mucha gente cree que dibujar con carbón significa rellenar todas las áreas, y así termina siendo ese borrón gris sin vida. El truco es establecer tus puntos oscuros bien definidos desde el principio, marcar dónde quieres mantener el blanco del papel, y solo después difuminar los medios tonos entre esos contrastes. Si ya empezaste demasiado oscuro en todas partes, es prácticamente imposible recuperar ese impacto visual.
Ahora, un detalle que nadie ha mencionado aún: intenta usar borracha de verdad antes de difuminar, no después. Coge una borracha moldeable - esas de color rosa o negro - y modélala en punta bien fina. Después de dibujar, vas removiendo el carbón con precisión en las áreas donde quieres más claridad, creando contrastes fuertes antes de difuminar. Es como esculpir luz en el dibujo. Después de eso, cuando difuminas, estás trabajando con una base ya bien estructurada, con claros y oscuros bien definidos.
El esfumino en sí está bien, pero te recomiendo usarlo con toque muy ligero y movimientos circulares pequeños, no esos movimientos largos que solo esparcen todo. Y sí, el fijador entre capas ayuda bastante - consigues añadir más carbón encima sin comprometer lo que ya hiciste. Te va a dar control total sobre el resultado final.