El problema que describes es prácticamente universal, y muchas veces depende de la tensión con la que tiras del hilo mientras coses. Si tiras demasiado fuerte creas unas tiradas visibles, si tiras poco el dobladillo queda flojo y ondulado. Lo que me salvó fue ralentizar bastante y hacer puntos pequeños y regulares, pasando la aguja dentro del pliegue de la tela por apenas uno o dos hilos por vez, alternando entre el suéter y el borde doblado, sin nunca saltarte porciones de malla. Un consejo práctico: antes de empezar en todo el suéter, prueba a hacer un centímetro de dobladillo en un trozo de retazo de la misma lana, así sientes el ritmo correcto y la tensión adecuada sin miedo a arruinar dos meses de trabajo. Cambia la aguja si sientes que no corre bien en la tela, porque una consumida o ligeramente torcida lo hace todo más difícil y más visible.