Lo primero es saber qué no hacer: el centrifugado fuerte y el agua caliente son veneno para el lino. Ya lo comprobaste en tus pantalones. Pero tampoco te vuelvas paranoica con todo lo que dicen sobre sacarlo mojado nada más, porque sí necesitas un poco de drenaje o te quedará chorreando días. La clave está en encontrar el equilibrio.
Lava a agua fría o tibia (nunca caliente), con un ciclo suave y sin centrifugado, o con centrifugado muy suave si tu lavadora lo permite. Cuando salga, escúrrelo con cuidado: envuélvelo en una toalla limpia y presiona sin retorcer, o déjalo unos minutos encima de la toalla. Luego cuelgalo mojado pero no chorreante. Mientras se seca, alisa con las manos de vez en cuando si ves que se retuerce. El lino se estira un poco cuando está húmedo, así que aprovecha ese momento para enderezarlo antes de que se fije el secado.
Ah, y usa poco detergente. El lino no necesita mucho para limpiarse y menos productos significa menos restos que lo endurezcan. Algunos dicen que un poco de vinagre blanco en el último aclarado le va bien, pero siendo honesta, si usas detergente moderado no es imprescindible. Lo que sí funciona es secar siempre colgado, nunca en secadora. El lino y el calor seco no son amigos.