Lo que realmente funciona es encontrar un ritmo que no sea presión para ninguno de los dos. Si las videollamadas se convierten en una obligación que os estresa, es normal que os sintáis menos conectados. Pero tampoco debes dejar que la comunicación muera del todo - la diferencia entre una amistad a distancia que resiste y una que se desvanece es a menudo precisamente eso: mantenerla "viva" no significa intensidad, significa continuidad.
Lo que podrías intentar es crear momentos más naturales - quizá mensajes random durante el día cuando se te ocurra compartir algo con él, sin el compromiso de una llamada larga. De vez en cuando os mandáis fotos, enlaces de cosas que os recuerdan el uno al otro, bromas. Las videollamadas largas podéis hacerlas cuando realmente os apetezca, no necesariamente cada semana. Y si podéis, aunque sea una vez al año o cada dos años, ahorrad dinero para visitaros en persona - no es frecuente, pero tiene un valor fuerte para recargar el vínculo.
Una pregunta sin embargo: cuando dices que os sentís menos conectados, ¿vosotros dos habéis hablado realmente de esto? A veces uno de los dos siente que es el "responsable" de mantener el contacto y se cansa, mientras que el otro ni se da cuenta. Si lo sacáramos a la luz sería más fácil encontrar un sistema que funcione para ambos, ¿no?