Volver a empezar después de años es algo que requiere paciencia contigo misma, porque el primer libro que tomes nunca será como lo recuerdas de la secundaria. La verdadera trampa es elegir algo demasiado "importante" - tipo el clásico que todos dicen que es bellísimo - y luego abandonarlo en la página 30 porque sientes que tienes que leerlo en lugar de disfrutarlo. Mejor apunta a historias que no requieran concentración máxima pero que de todas formas te hagan perder la noción del tiempo.
Los thrillers que otros han sugerido funcionan, pero agrego una cosa: no es solo la extensión del libro lo que importa, es la cantidad de personajes y tramas secundarias. Una trama enredada puede cansar el cerebro si no lees hace tiempo. Prueba con narradores que saben mantener al lector sin demasiados detalles: Ken Follett tal vez es demasiado, pero autores como Tess Gerritsen o procedurales al estilo de Donna Leon mantienen el ritmo sin agobiarte. Empieza con uno de esos libros que terminas en tres o cuatro días intensos en lugar de uno que te arrastre durante semanas.
El audiolibro que alguien mencionó es inteligente, pero cuidado: no es lo mismo leer que escuchar. Con los audiolibros es fácil fingir que sigues mientras piensas en otra cosa. Si tu objetivo es recuperar el placer de la lectura de verdad, mejor un libro de papel o un e-reader por ahora. Una vez que recuperes el ritmo, los audiolibros se convierten en un extra, no en la solución principal.