La cuestión no es tanto la edad adecuada, sino si conseguirá respetar límites - a los 12 años algunos chicos lo logran, otros no, depende de cada uno. Antes de comprarle uno, prueben con un móvil vuestro o de un amigo durante una semana y vean si consigue cumplir reglas tipo "sin móvil en la comida" o "máximo 1 hora al día"; si lo consigue, quizás esté listo. Si decidís dárselo, olvida aplicaciones de control parental muy severas (los chicos las sortean y se convierte en una lucha constante) y apuesta más por conversaciones claras sobre qué puede y qué no puede - cuando hay confianza, funciona mejor que una vigilancia estricta. ¿Cuál es vuestro mayor temor: que ignore las reglas que acuerdan o que realmente se quede pegado a la pantalla aunque le digáis que pare?