Antes de tirar pasta en uno nuevo, prueba a grabar en un espacio más pequeño y blando (armario, debajo de una manta) para que el sonido no rebote tanto, y acerca el micro a tu boca unos 15-20cm sin soplar directamente en él 😅 También ayuda un montón usar un software tipo Audacity para ecualizar después, bajando los agudos excesivos que son los que dan ese efecto metálico. Si aun así suena fatal, la verdad es que los micros USB decentes (tipo Blue Yeti o similares) no cuestan una fortuna y la diferencia de calidad es brutal, pero primero prueba estos trucos que muchas veces el problema es del entorno, no del bicho en sí.