Añadiré otro punto que a menudo se pasa por alto: la diferencia en las condiciones. El jugador vuela a la selección, posiblemente a otra parte del mundo, cambian el clima, los husos horarios, la calidad de los campos, incluso la alimentación. El organismo no tiene tiempo para adaptarse, luego vuela rápidamente de vuelta al club, donde todo es diferente otra vez. No es simplemente cansancio, es estrés para el organismo en general, y las lesiones a menudo llegan justo cuando el sistema inmunológico y los músculos funcionan en modo de reestructuración constante.
Además, el personal médico de la selección y del club trabajan de manera diferente: protocolos de recuperación distintos, enfoques diferentes para el calentamiento. Un jugador en la selección puede sufrir una microlesión que simplemente no notaron o subestimaron allá, porque los médicos se enfocaban en que terminara el torneo. Y luego regresa al club, donde la carga cambia drasticamente, y esa microlesión antigua de repente se convierte en un problema serio.
En fin, la cuestión no es solo la cantidad de partidos, sino que el organismo entra en modo de "shock" constante: nuevas condiciones, nuevo sistema de juego, nuevos médicos, nuevo régimen. Por eso después de las concentraciones las lesiones vienen en oleadas.