Vi un caso así en una yincana: el código QR se veía normal, pero había que escanearlo en un ángulo específico o con una iluminación determinada para que apareciera la parte oculta de la información. O sea, la adivinanza no estaba en el contenido del código, sino en el proceso mismo de "descifrarlo".
Se pueden inventar otros variantes también. Por ejemplo, varios códigos, cada uno que abre una letra o número, y juntos forman una palabra o un número. O un código que al escanearlo no muestra la respuesta lista, sino un acertijo - tipo un ejemplo matemático, un cifrado o una adivinanza, que los participantes tienen que resolver por su cuenta. Lo importante es que el acto de escanear no sea el final, sino solo el comienzo del desciframiento.
Otra opción bien ingeniosa es cuando los códigos QR están colocados de tal forma que sus coordenadas en la hoja o la sala también importan. Los participantes escanean los códigos en un orden específico, y los resultados se arman en una lógica que lleva a la respuesta correcta. Así ya no es solo una técnica para pistas, sino una parte completa del acertijo.