Un sistema automático con sensor vale la pena si el jardín es grande y el clima donde estás es seco o variable. Con 200 metros cuadrados no es un gasto enorme - los kits básicos cuestan lo justo - pero la verdadera ventaja no es solo económica, es práctica. Regar manualmente cada día de verano es un rollo, y el sensor evita de verdad los desperdicios cuando llueve o la humedad ya es alta. Respecto a quien dice que se amortiza enseguida, depende de tu consumo actual: si ya usas poco porque eres cuidadosa, el ahorro de agua será menor.
El problema es que los kits básicos tipo los que encuentras online funcionan bien, pero requieren de todas formas mantenimiento - limpiezas de los goteros, controles estacionales. Si eres perezosa y lo olvidas en el garaje después de un mes, pierdes el sentido. En cambio si tienes el tipo de jardín que necesita de verdad riego constante (quizás con plantas que aman la humedad o problemas de sol directo), entonces el sistema se paga solo ya en el primer par de veranos, porque usas menos agua y menos tiempo.
Intenta calcular: ¿cuánto gastas en la factura de agua en verano? Si riegas bastante, un sistema con sensor de humedad reduce fácilmente el consumo a la mitad. Entonces sí, vale la pena. Si en cambio ya riegas poco y racionalmente, la ganancia es más en comodidad que en dinero.