No seguirías esquiando con ese casco, punto. La grieta que ves es solo lo visible; lo que realmente importa es que el impacto ya comprometió toda la estructura interna de la espuma. Esos cascos viejos además tienen otro problema: la espuma se degrada con el tiempo, especialmente si los has expuesto al sol o cambios de temperatura, así que después de 10 años ya no absorbía impactos como cuando era nuevo. Aunque la grieta sea pequeña, ya no puedes confiar en que funcione si te golpeas de nuevo.
Lo que ves en las tiendas ahora es mucho mejor que lo de hace una década. Los cascos modernos tienen sistemas de absorción de impactos más sofisticados y además pesan menos, así que no es que esté todo perdido. La realidad es que un casco dañado es casi como no llevar casco, porque el material ya no va a hacer su trabajo cuando lo necesites. No vale la pena ahorrar unos euros por andar con una protección que básicamente es decorativa en este momento.