Cuando hay que lidiar con vidrio en casa, la diferencia entre temperado y común es bien real. El vidrio temperado pasa por un proceso de calentamiento y enfriamiento rápido que deja la superficie mucho más resistente a impactos, golpes y variaciones de temperatura. Si le pegas algo pesado a un vidrio común, se quiebra directo en fragmentos grandes y afilados - demasiado peligroso. Ya el temperado, cuando se quiebra, se desintegra en pequeños pedacitos redondeados que causan mucho menos daño. Es como la diferencia entre una cerámica normal y un plato que dejas caer de la pileta y sigue entero.
La resistencia es realmente mejor en el temperado, pero hay unos detalles que importan para tu caso. Si la ventana queda en un lugar con mucho impacto (cerca de una cocina, de un área con niños pequeños, o en un piso bajo), el temperado vale mucho la pena por la seguridad. Lo malo es que no conseguís cortar o perforar vidrio temperado después - hay que encargarlo del tamaño exacto. Si tu reforma todavía está en fase de medición y querés flexibilidad, capaz que el común salga más barato ahora, pero es arriesgado.
Otro punto: el temperado aguanta mejor el calor del sol y cambios climáticos sin crear tensiones internas que causen rajaduras. En departamento, especialmente si recibe sol directo toda la tarde, eso hace diferencia. Si la vidrería está cobrando muy caro por el temperado, conviene pedir presupuesto en otro lado - puede ser que sea el estándar mismo para el tipo de ventana que querés. En general, si la diferencia de precio no te quiebra, temperado es la inversión más inteligente.