Lo que te frena no es la falta de talento sino que probablemente empezaste mal o con demasiadas expectativas. Dibujar es una habilidad que se desarrolla, punto. Esos amigos que ves en Instagram no nacieron sabiendo; lo que pasa es que practicaron consistentemente y tú lo ves cuando ya llevan meses o años metidos en ello. Al principio todos hacemos lo mismo: líneas feas, proporciones raras, cosas que nos desaniman.
Empieza por lo más básico posible: coge un boli normal y papel que tengas en casa, nada más. Dibuja líneas, formas simples, objetos que tengas alrededor (una taza, un libro, tu móvil). No intentes nada ambicioso todavía. El truco es dibujar poco cada día, no una sesión maratón cada dos meses. Veinte minutos diarios es infinitamente mejor que una hora el fin de semana. Busca tutoriales gratuitos en YouTube sobre lo básico (cómo dibujar óvalos, perspectiva simple, sombreado), no necesitas aplicaciones caras ni cuadernos bonitos que acabarás mirando con culpabilidad.
La verdadera razón por la que la gente abandona es porque compara sus primeros garabatos con los dibujos de otros que llevan años. Eso es injusto contigo misma. Dale tres o cuatro meses de práctica constante y verás que cambias, aunque sea poco. El material caro viene después, si realmente te engancha.