El problema es que este tipo de conversaciones normalmente no funcionan si comienzas criticando a su madre o su comportamiento. Tu marido sentirá que lo atacas y se pondrá a la defensiva, y todo empeorará. Intenta formularlo a través de tus sentimientos y necesidades: "Me parece que no soy una prioridad en tu vida. Cuando tu mamá te llama diez veces al día y la escuchas con más atención que a mí, me duele. Quiero que tengamos una familia donde las decisiones las tomamos nosotros, no tu mamá". Suena más suave, pero más concreto. Lo importante es hablar de ti, de cómo te sientes mal, no de que él sea un mal hijo.
Después tendrán que establecer límites juntos. ¿Quizá parte de las llamadas pueden trasladarse para la noche? ¿Quizá él te consulte antes de estar de acuerdo con la opinión de su madre? Tiene que ser una solución que ambos encontraron, no reglas que tú le impusiste. Ten en cuenta que esto puede ser más complicado de lo que parece: estos patrones a menudo vienen de la infancia, y para él mismo puede ser difícil cambiar. Si la conversación no ayuda y las cosas empeoran, vale la pena considerar la ayuda de un psicólogo de familia. No se trata de que alguien sea culpable, sino de encontrar un equilibrio saludable.