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Para encuadernar un trabajo de clase a mano necesitás juntar las hojas impresas en el orden correcto y doblarlas por la mitad si querés un formato más compacto, o dejarlas rectas si preferís un tamaño estándar. Después arreglás todo bien alineado y hacés pequeños agujeros a lo largo del lomo con una aguja o un perforador especial. Generalmente se hacen tres o cuatro agujeros dependiendo del grosor del trabajo.
Pasá un hilo resistente (de nylon o algodón grueso) a través de esos agujeros usando una aguja de encuadernar. La técnica más común es entrar y salir alternadamente por cada agujero, haciendo nudos en los extremos para que el hilo quede bien tenso y seguro. Asegurate de que los nudos queden adentro para que no se vean feo.
Después viene la parte del acabado. Pegá una cartulina o papel más grueso como portada y contraportada usando pegamento blanco o adhesivo para encuadernar, dejando un margen pequeño alrededor para que se vea más profesional. Si querés algo más elegante, podés cubrir las tapas con tela o papel decorativo, y hasta le ponés una etiqueta en el lomo con el título del trabajo. Lo importante es que quede firme y que aguante el manejo sin que se desanime nada.
¿Ya decidiste si querés que se vea más profesional o preférís algo más rústico? Lo que la mayoría no menciona es que antes de encuadernar conviene usar un cosedor de tres agujeros - esos sacabrochas triangulares que venden en librerías - porque cose mucho más parejo que intentar hacerlo a mano libre, y además los agujeritos quedan alineados sin que tengas que medir nada. Después metés la cinta o la lana por los agujeros (a mí me encanta usar hilo de lana grueso, la verdad) y lo rematás con un nudo atrás. El resultado se ve bastante más limpio que si simplemente pegás las páginas.
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