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No cometas el error de aplicar pintura directamente en la miniatura sin preparar nada. La mayoría de los principiantes agarran el pincel demasiado mojado, sin controlar la cantidad de pintura, y terminan creando manchas que cubren detalles enteros. Otra cosa común es no usar imprimador (base) o pintura demasiado líquida desde el principio - eso hace que todo quede pastoso y desenfocado. También se olvida hacer un buen trabajo de limpieza en la pieza antes de empezar, porque esas rebabas y suciedad de los moldes agarran la pintura de forma desigual.
Entonces, en la práctica: primero aplica un imprimador gris o negro uniforme en la miniatura (pintura en spray específica para esto funciona bien). Después, diluir la pintura acrílica normal en agua destilada o un medio apropiado es esencial - no debe quedar como leche, pero tampoco espesa. El pincel tiene que tener la punta bien definida y trabajas con poca pintura en él por vez. Vas a dejar secar capas finas en lugar de meter todo de una sola vez. Trata de no mover la mano mientras pintas, apoya el codo o usa un apoyo - un gesto firme evita manchas.
Los detalles más pequeños salen mejor si usas un pincel fino y haces varias capas ligeras, dejando secar entre ellas. También está el truco de pasar pintura bien diluida por los recovecos de la miniatura (wash), que rellena las sombras sin salirse del diseño. Y lo básico: trabaja en un espacio limpio, usa un bote con agua para lavar el pincel entre colores, y deja que las piezas se sequen completamente antes de tocarlas de nuevo. La paciencia es el 90% de este trabajo - cuanta menos prisa tengas, menos manchas habrá.
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