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Los colores claros son prácticamente unánimes en cocinas pequeñas porque reflejan mejor la luz y hacen que el espacio se vea más grande. El blanco puro es la opción más segura, pero puede quedar demasiado frío - ahí entran los blancos con tonos cálidos (como off-white o crema) que dejan todo más acogedor sin perder ese efecto de amplitud. Beige, gris bien clarito e incluso un verde pastel suave funcionan bien también, siempre y cuando no oscurezcas.

La cuestión es dónde lo apliques. Si vas a pintar todas las paredes, queda aún mejor más claro para abrir el espacio. Ahora bien, si quieres un poco más de personalidad sin estrechar visualmente, pintas tres paredes claras y usas la cuarta de un color un poquito más oscuro (pero aún en la gama clara) o incluso un color que te guste más. El techo blanco es prácticamente obligatorio en cocina pequeña - cambia bastante la sensación de altura.

Piensa también en materia y acabado: mate disimula impurezas mejor, pero es más difícil de limpiar en cocina. Semi-brillo o acrílica con algo de brillo ayuda a reflejar luz y queda más fácil de lavar cuando cae ese salpicón de aceite. Ha valido bastante aplicar color en cocinas pequeñas para crear una sensación de intimidad sin oscurecer todo - solo no exageres en los tonos oscuros.

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