Lo más probable es que el problema esté en el mecanismo interno del interruptor, no en la bombilla. Antes de tocar nada, desconecta el circuito desde el cuadro eléctrico o apaga el diferencial correspondiente a esa habitación. Una vez que estés segura de que no hay corriente (prueba con una lámpara de mano o un móvil para verificar), puedes intentar abrir el interruptor. Generalmente se quita aflojando los tornillos que hay en los lados o la parte superior, dependiendo del modelo.
Una vez lo tengas abierto, mira si hay algo obvio: un cable suelto, una pieza rota, oxidación o suciedad acumulada. A veces los contactos internos se gastan y pierden el contacto; si ves eso, probablemente no haya mucho que puedas hacer tú misma. Pero si es solo algo sucio, una lata de aire comprimido puede ayudar. Si identificas un cable desconectado, allí sí puedes volver a conectarlo, aunque requiere cuidado.
Si no ves nada evidente o si al volver a cerrarlo sigue sin funcionar, mejor llama a un electricista. No es caro arreglarlo y es más seguro. La verdad es que después de revisar, probablemente descubras que el interruptor está simplemente gastado o dañado internamente, así que tendrías que reemplazarlo de todas formas. No vale la pena arriesgar un cortocircuito por ahorrar unos euros.