No hace falta que cambies de producto si te está funcionando bien contra las espinillas. Lo que pasa es que el ácido salicílico es bastante agresivo y tienes que aprender a dosificarlo. Lo más común es usar el tónico todos los días, pero intenta empezar con dos o tres veces por semana y ve subiendo gradualmente si tu piel lo tolera bien. Así le das tiempo a la barrera cutánea a adaptarse sin que se reseque tanto.
El truco fundamental es la hidratación posterior. Aplica el ácido salicílico en zonas concretas donde tengas espinillas, espera a que se seque completamente, y después usa un buen sérum o esencia hidratante antes de la crema. Hay gente que se salta estos pasos porque cree que va a empeorar el acné, pero es al revés: una piel bien hidratada aguanta mucho mejor los tratamientos activos. Si puedes, busca un sérum con ácido hialurónico o niacinamida, que hidratan sin dejar sensación grasa.
También plantéate si necesitas el ácido salicílico en todo el rostro o solo donde realmente lo necesitas. Muchas veces cometemos el error de aplicarlo como si fuera un producto de mantenimiento general cuando debería ser más localizado. Y si la resequedad continúa, añade una crema más rica por las noches o usa un aceite facial ligero. Verás que con estos ajustes sigues controlando las espinillas sin que la piel se te parta.