La vendimia en Mendoza es en febrero y marzo, y si bien es espectacular verla en acción, sí se llena bastante de turistas. Durante esos meses las bodegas están en plena faena, así que conseguir tours puede ser más complicado y generalmente hay que reservar con anticipación. Dicho esto, si te atrae ver el proceso completo de cosecha y fermentación en vivo, vale totalmente la pena ir en esa época, solo que tenés que estar preparada para compartir el espacio con más gente.
Abril y mayo son mis meses favoritos para ir a Mendoza sin la saturación de vendimia. El otoño está hermoso, hace un clima perfecto para recorrer las bodegas sin matarte de calor, y seguís encontrando uva fresca en muchas. Además, los precios suelen ser mejores y los dueños de las bodegas tienen más tiempo para atenderte bien. Si lo que buscás es disfrutar sin prisas, tomarte un vino tranquila y explorar varios lugares en el mismo día, esta época es ideal.
Septiembre también es buena opción si preferís primavera. El clima es agradable, no hay tanta gente, y las bodegas están menos ajetreadas que en vendimia. Lo único es que en verano (diciembre-enero) mejor evitalo porque hace un calor insoportable para andar de tour en tour, y además coincide con vacaciones escolares así que hay mucha aglomeración también.