Cuando intenté por primera vez germinar semillas en interiores, mi mayor error fue asumir que el alféizar orientado al sur sería suficiente, y no lo fue. Las plántulas se volvieron larguiruchas y débiles porque se estiraban hacia la fuente de luz. Si quieres resultados decentes, de verdad necesitas iluminación complementaria. Una lámpara LED de cultivo básica o incluso luces de taller con fluorescencia fría harán una diferencia enorme. Mantenlas a unos 5-7 centímetros sobre las plántulas y úsalas durante 14-16 horas diarias. Tu alféizar puede ser parte del montaje, pero no debería ser tu única fuente de luz a menos que estés en una ubicación extremadamente luminosa y puedas rotar las bandejas constantemente.
En cuanto al sustrato, las respuestas anteriores lo explicaron bien: la mezcla para germinación vale la pena. La tierra para macetas normal se compacta demasiado fácilmente y retiene la humedad de formas que favorecen la enfermedad del damping-off, que matará tus plántulas rápidamente. La textura más ligera también permite que las raíces se establezcan mejor al principio. Yo añadiría que no necesitas nada sofisticado; una mezcla básica para germinación de cualquier vivero funciona perfectamente.
Más allá de esas dos cosas, sé consistente con el riego. Mantén el sustrato húmedo pero no encharcado: las plántulas odian estar en agua estancada. Usa un pulverizador o riega desde abajo si puedes, en lugar de verter desde arriba y disturbar las plantas tiernas. La temperatura también importa; la mayoría de las semillas de hortalizas germinan mejor alrededor de 18-24°C. Una vez que hayan brotado, puedes bajar la temperatura unos grados si es necesario, lo que también ayuda a prevenir esas plántulas larguiruchas y débiles.