Lo más importante es que hables directamente con varios fotógrafos y veas su portafolio antes de comparar precios, porque la diferencia de calidad es abismal y no siempre se refleja en lo que cuesta.
Los precios van a depender un montón de dónde vivas, la experiencia del fotógrafo y qué incluya el servicio. En general, hay fotógrafos que cobran desde bastante poco hasta cifras que te dejan sin respiración. Lo que he visto es que mucha gente se fija solo en el número final y luego se arrepiente porque las fotos no tienen nada que ver con lo que esperaba. Merece la pena mirar bien el trabajo que han hecho en bodas anteriores, ver si el estilo te gusta, cómo capturan los momentos.
No es que más caro siempre sea mejor, pero tampoco busques la ganga a toda costa. Hay fotógrafos muy buenos que no son los más caros, pero suelen tener reputación y referencias. Pídeles que te enseñen varias bodas completas, no solo las fotos más bonitas. Pregunta también qué incluye exactamente: cuántas horas de cobertura, si va un o dos fotógrafos, cuándo recibes las fotos editadas, si hay álbum físico incluido. A veces pagan más por cosas que no necesitas, así que asegúrate de que lo que te ofrecen tiene sentido para vosotros.