Sé directo pero respetuoso. Agenda una conversación cara a cara, no de pasada ni por texto. Diles claramente: "Los quiero mucho, pero este es mi matrimonio, no el de ustedes. Vamos a hacer una boda de 30 personas, y eso es definitivo". Luego explica *por qué* sin ponerte a la defensiva. Se trata de lo que tú y tu pareja realmente quieren, no de rechazar su visión. No lo plantees como "la boda de ustedes es demasiada cosa", sino más bien "necesitamos que se sienta auténtica para nosotros". Dale espacio para que se sientan decepcionados, pero no negoces sobre la decisión de fondo. Tienen derecho a sentirse así; tú no tienes la obligación de arreglar esos sentimientos cambiando tus planes.
Luego ofréceles algo. Tal vez tienen voz en elementos específicos (comida, música, fotos), o quizá hay una cena familiar más pequeña antes de la ceremonia donde puedan hacer más de las cosas tradicionales que les importan. Lo importante es mostrarles que siguen siendo importantes sin cederles el control de tu día. Es difícil cuando los papás tienen expectativas diferentes, lo sé, pero tu matrimonio sienta un precedente de cuánta influencia van a tener en tu vida de ahora en adelante. Es mejor establecer límites ahora mientras las cosas todavía se pueden negociar.