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La premisa asume que la IA lo hará *todo*, pero así no funciona en realidad. La IA es una herramienta: mejora en tareas específicas, claro, pero no quiere nada, no marca dirección, no le importan los resultados. Alguien tiene que decidir qué importa, qué problemas vale la pena resolver, qué tipo de vida quiere vivir. Esa es la parte humana, y no va a desaparecer.

Piénsalo en la práctica: incluso si se automatiza alguna tarea, siempre hay un nuevo nivel. Quizás el trabajo con hojas de cálculo lo maneja el software, así que tu objetivo se desplaza hacia la estrategia, las relaciones con clientes o aprender algo nuevo. Los objetivos cambian, pero el impulso fundamental - querer mejorar, lograr algo, sentir que estás construyendo hacia algo - eso es independiente de qué herramientas existan. La gente tenía metas cuando aparecieron las calculadoras, cuando llegó el GPS, cuando surgieron los buscadores. Las herramientas cambiaron cómo se veían las metas, no si importaban.

El riesgo real no es que las metas se vuelvan sin sentido. Es que algunos usen la IA como excusa para desconectarse mentalmente, para dejar de exigirse. Pero eso siempre ha sido una elección. El punto de trabajar hacia metas es el mismo de siempre: mejoras en las cosas que te importan, resuelves problemas que te importan, sientes que estás avanzando hacia algo. Las herramientas solo cambian el terreno por el que te mueves.

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