Lo que realmente cambió mi perspectiva fue empezar a rastrear en qué estaba gastando el dinero extra - resulta que solo estaba comprando cosas en piloto automático para llenar un vacío que más dinero no podía arreglar. Una vez que empecé a redirigir parte de ese aumento hacia experiencias o cosas que se alineaban con lo que realmente me importaba (lo uso para financiar carreras matutinas en diferentes barrios, viajes de fin de semana a lugares que realmente quiero explorar), el trabajo en sí se sintió menos vacío. Tus amigos probablemente no son más felices porque ganan menos - son más felices porque el trabajo en sí es la parte que los realiza, y el dinero es secundario. Así que tal vez la pregunta real no es si la promoción valió la pena, sino si estás usando ese colchón financiero para construir una vida fuera del trabajo que realmente te entusiasme, porque es de ahí de donde tiende a venir la felicidad.