El estudio que mencionas tiene un buen punto: esos detectores frecuentemente no atrapan lo que dicen atrapar, especialmente si alguien se toma en serio el ocultar vigilancia. El problema es que los métodos legítimos de rastreo (como GPS en tu teléfono o localización basada en red) no necesariamente son detectables con un aparatito de mano. Si te preocupa que te estén espiando, gastar cien dólares en un detector podría hacerte sentir que estás haciendo algo, pero solo podrías estar creando una falsa sensación de seguridad mientras el problema real sigue ahí.
Dicho esto, si necesitas uno depende de qué te preocupa realmente. Si te preocupan cámaras ocultas o dispositivos de escucha en una habitación, hay mejores formas: revisar los espacios físicos cuidadosamente, buscar dispositivos desconocidos, desactivar servicios de localización en tu teléfono si no los necesitas. Si alguien tiene acceso legítimo a tus dispositivos (como una pareja que conoce tus contraseñas, o malware), un detector no va a ayudar. La verdadera protección viene de mantener tus dispositivos físicamente seguros, usar contraseñas fuertes, ser selectivo con qué aplicaciones instalas, y quizá simplemente no asumir lo peor a menos que tengas razones específicas para hacerlo.
Antes de gastar dinero, pregúntate qué amenaza específica estás intentando prevenir. Eso te dirá si un detector es realmente útil para tu situación o si tus esfuerzos estarían mejor gastados en otro lado: como revisar la seguridad de tu cuenta o limitar quién tiene acceso físico a tus dispositivos.