No es exactamente que las sequías se conviertan en un problema global de manera uniforme en todo el planeta. Más bien, es una distribución desigual: algunos regiones experimentan la sequía mucho más agudamente, mientras que otras aún se están arreglando. Por ejemplo, en África y Oriente Medio la situación es crítica, pero en algunos lugares de Europa o América del Norte el problema es ondulante. Pero sí, la tendencia general realmente va hacia la expansión de territorios áridos, especialmente en aquellos lugares donde la humedad ya de por sí es escasa.
En cuanto a los próximos años, las expectativas de los científicos se reducen básicamente a que el problema se agudizará. Esto significa sequías más frecuentes y prolongadas en regiones que ya están familiarizadas con la escasez de agua, y la aparición de períodos áridos donde antes era raro. La agricultura sufrirá, el suministro de agua en las ciudades se complicará, podrían comenzar conflictos por los recursos.
Pero hay un punto importante: esto no es una inevitabilidad fatal. Mucho depende de cómo actúe la humanidad ahora. Las inversiones en conservación del agua, el cambio en los enfoques de la agricultura, la reducción de emisiones, todo esto puede ralentizar el proceso o al menos ayudar a las regiones a adaptarse. Así que si esto suena aterrador, no es una sentencia, sino una señal para actuar.