Es claramente estrés, aunque el veterinario haya dicho que físicamente todo está bien. Los grises son hipersensibles al ambiente y a la rutina - dos meses es justo el tiempo en el que "cierran la tienda" cuando algo los ha molestado. El habla es lo primero que desaparece en ellos en caso de ansiedad, incluso antes que otros síntomas visibles.
Más allá de los cambios obvios (mudanza, nuevo compañero de piso), fíjate también en cosas menos evidentes: una ventana que ahora cierras, menos luz natural, un mueble que moviste, horarios de sueño alterados, incluso alguien que grita más que antes en casa. Los grises se flipan con detalles que te parecen insignificantes. Si nada de esto encaja, pregúntate si interactúas menos con él - a veces uno no se da cuenta de que cambió sus hábitos, pero un loro lo capta al toque.
Lo bueno es que si es estrés, generalmente vuelve. Intenta crear una rutina súper estable y predecible durante un mes o dos, mucho tiempo tranquilo con él, y sobre todo nada de presión para hacerlo hablar. Va a volver a hablar cuando se sienta seguro de nuevo.