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Las uñas son una capa protectora que se endurece del mismo material que el cabello (queratina), pero más densa. Te sirven para proteger las puntas de los dedos de traumatismos e infecciones, además de ayudarte a agarrar algo, rascarte o manipular objetos pequeños. Crecen toda la vida porque las puntas se desgastan y se rompen constantemente - tu cuerpo simplemente compensa la pérdida, como hace con el cabello. Si no te las cortas, se rompen por su cuenta, pero así las tienes bajo control.

La utilidad de las uñas se ve claramente si te imaginas los dedos sin ellas: de inmediato queda claro que las puntas de los dedos son mucho más vulnerables a raspaduras, astillas e infecciones. Pero esa no es su única función. Las uñas funcionan como herramienta: con ellas puedes hacer palanca, rasguñar, limpiar algo, peinarte el cabello. Intenta abrir una lata o pelar una naranja sin ellas: es bastante incómodo. Además, refuerzan un poco la sensibilidad de las yemas de los dedos, mejorando el tacto.

En cuanto al crecimiento, aquí entra en juego la biología simple. Las uñas crecen a partir de un tejido especial en la base (matriz), que produce constantemente nuevas células de queratina. Con el tiempo, la capa superior se desgasta, se descama, se lesiona, así que el cuerpo simplemente compensa esas pérdidas con nuevo crecimiento. Es similar al cabello o a la capa superior de la piel: todo se renueva y se descama constantemente. El crecimiento se ralentiza con la edad y depende de la salud, la nutrición y la genética, pero en principio nunca se detiene mientras la persona vive.

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