No es solo una cuestión de frenos, es más complicado que eso. Lo que pasa es que una célula cancerígena no solo pierde esos mecanismos de control - también gana capacidades nuevas y muy agresivas. Es como si alguien quitara el freno de un coche Y después instalara un motor mucho más potente. La célula comienza a reproducirse constantemente porque sus instrucciones de crecimiento quedan atrapadas en "encendido", ignorando completamente las señales que normalmente dirían "párenense aquí". Además, consiguen vivir mucho más tiempo del que deberían - las células normales tienen un límite de divisiones, pero las cancerígenas lo sortean.
Hay un detalle práctico que vale la pena saber si tu abuelo está en tratamiento: durante la quimioterapia o radioterapia, precisamente porque estas células se dividen tan rápido es por lo que son más fáciles de matar con esos tratamientos. Es un lado positivo - su prisa es también una debilidad que conseguimos explotar. Pero eso significa que el cuerpo entero sufre porque estamos intentando atrapar células que se mueven mucho, así que los efectos secundarios son frecuentemente peores que si fueran células más lentas.
Lo que realmente hace todo esto todavía más complicado es que las células cancerígenas también consiguen "esconderse" del sistema inmunitario - producen sustancias que engañan al cuerpo, hacen que haya vasos sanguíneos nuevos alimentándolas, y consiguen incluso lidiar mejor con la falta de oxígeno y nutrientes. Es una combinación de varios superpoderes malos al mismo tiempo, no solo un único problema.