La amarillez desde abajo y la caída de botones generalmente se debe a la humedad, pero a menudo no es simplemente riego excesivo, sino estancamiento de agua en el sustrato. Las orquídeas están plantadas en corteza, no en tierra, y esta debe secarse entre riegos. Si la bandeja está constantemente mojada o el agua comienza a estancarse en la maceta cuando riegas, las raíces se asfixian y empiezan a pudrirse, por eso los hojas se amarillean y los botones caen.
Lo primero: comprueba cómo estás vertiendo el agua. Lo mejor es sumergir la maceta con la orquídea durante un par de minutos en un recipiente con agua, para que la corteza se emape uniformemente, y luego dejar que el agua drene completamente. Después, la maceta debe estar posicionada de manera que el agua sobrante no se acumule en la bandeja. Y lo más importante: riega no según un horario de una vez por semana, sino solo cuando la corteza esté seca, lo que puede ser incluso diez días, depende de la humedad de tu casa y la temperatura.
Un consejo práctico: coloca un vaso pequeño con agua cerca de la orquídea. Al evaporarse, aumentará la humedad del aire, los hojas dejarán de secarse y los botones no caerán. Al mismo tiempo, el sustrato en sí permanecerá más seco, lo cual es ideal para la falénopsis. Si los hojas ya están muy amarillentos, córtalos: no se recuperarán y la planta gastará fuerzas innecesariamente.