La premisa aquí está un poco equivocada. La mayoría de los propósitos no fracasan porque el concepto esté roto, sino porque la gente los diseña mal desde el principio. Te pones metas vagas como "ir al gimnasio" sin un plan, sin rendición de cuentas, sin una razón por la que febrero importe menos que enero. Eso no es que el propósito fracase; eres tú no comprometiéndote realmente con nada concreto.
La psicología de un nuevo comienzo es real, pero no es magia ni es suficiente por sí sola. Lo que realmente funciona es la especificidad y eliminar obstáculos. En lugar de "leer más libros", dirías "leer 20 minutos cada mañana con café" y realmente comprar el libro de antemano para que esté ahí. En lugar de "gimnasio", elegirías una hora específica, días específicos, e idealmente le contarías a alguien para sentirte tonto si lo dejas en la tercera semana. La gente que se mantiene con sus propósitos no es más disciplinada, simplemente construyó un sistema que no depende solo de la fuerza de voluntad.
Así que sí, hay un punto. Pero no porque el 1 de enero sea mágico. El punto es obligarte a pensar en qué es lo que realmente quieres y cómo lo vas a hacer realidad. La mayoría de la gente simplemente se salta esa parte y luego se pregunta por qué no funcionó.