La creencia en el mal de ojo persiste porque toca algo psicológicamente real: la incomodidad de ser envidiado o juzgado, aunque el mecanismo literal de la maldición no lo sea. Cuando alguien te lanza esa mirada celosa, la *sientes*, y esa sensación es genuinamente desagradable; la tradición simplemente ofrece un marco para explicar por qué a veces pasan cosas malas después de esos momentos. Ese sentido de control importa a la gente, y usar la cuenta o el talismán se convierte en una forma de reiniciarte mentalmente después de una interacción incómoda, lo que probablemente ayuda a algunos a sentirse menos alterados. Un ángulo práctico que la gente pasa por alto: la tradición en realidad funciona como un cortador de conversaciones. Cuando alguien está siendo raro de envidioso o te hace sentir incómoda, mencionar que estás protegida por el mal de ojo (creas o no) a menudo cambia toda la dinámica: de repente se sienten llamados a cuentas sin ser confrontados directamente.