El verdadero problema es que la infraestructura británica fue literalmente diseñada para temperaturas más frías: el asfalto se ablanda alrededor de 30°C, las vías férreas se dilatan y se pandean, las tuberías de agua pierden presión cuando la demanda aumenta. Lo que la gente a menudo no ve es que no se trata solo de las tuberías y carreteras en sí; la falta de personal empeora durante las olas de calor porque la gente se declara enferma o no puede trabajar de forma segura, así que incluso la infraestructura funcional se gestiona con equipos esqueléticos intentando mantenerla operativa. Los hospitales tienen dificultades en parte porque el aire acondicionado se consideraba innecesario hace décadas, las redes de transporte no se construyeron con amortiguadores térmicos, y hay un efecto en cascada donde un fallo provoca otros: un pandeo en las vías retrasa los trenes, lo que significa aglomeración en otros lugares, lo que crea su propia crisis.