Lo principal es que no te guíes por el tipo de construcción, sino que elijas según lo que sientas y cómo esté tu espalda. Yo mismo creía durante mucho tiempo en el milagro de los resortes, hasta que probé diferentes opciones por cuenta propia. Resultó que la comodidad no depende de si tiene muelles o no, sino de cómo el colchón sostiene tu columna vertebral en tu posición de sueño específica.
Para problemas de espalda, mi consejo: ve a la tienda, quítate los zapatos y acuéstate en cada colchón al menos un minuto o dos en tu postura habitual. No te avergüences de parecer raro, tiene sentido hacerlo. Fíjate si sientes que se hunde la zona lumbar o, al contrario, si la rigidez presiona. Un buen colchón ortopédico debe adaptarse a los contornos de tu cuerpo, pero sin hundirse.
Sobre la durabilidad: aquí hay que ser honesto con respecto a los materiales. Los colchones de muelles baratos realmente empiezan a crujir y a hundirse frecuentemente. Los sin muelles con relleno de calidad (como coco o espuma de alta densidad) se aguantan bastante bien, pero también depende del precio. Mira la garantía del fabricante: es un buen indicador de cuánta confianza tienen en su producto.