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El microbioma se adapta bastante rápido a una nueva dieta - ya en una o dos semanas la composición de bacterias comienza a cambiar dependiendo de lo que comas, así que los cambios abruptos a una comida completamente diferente a veces causan molestias. Con el cambio de clima la relación es menos evidente, pero el estrés de la aclimatación, los cambios en el régimen de sueño y actividad influyen indirectamente en el microbioma a través del equilibrio hormonal. Lo principal es no torturar al organismo con dietas extremas y mudanzas: cambia a la nueva comida gradualmente, come más fibra y productos fermentados, y la microbiota será más estable.

Los cambios climáticos actúan de forma más complicada que un simple cambio de menú. Cuando te mudas a otro clima, no solo cambia lo que comes, sino también la temperatura, la humedad, incluso los microbios del ambiente - todo esto influye en la colonización del intestino por nuevas especies de bacterias. Por eso la adaptación puede alargarse varios meses, especialmente si el clima es radicalmente diferente. Además, el estrés de la aclimatación por sí solo altera el microbioma, independientemente de la dieta.

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