Antes de solicitar las vacaciones, lee cuidadosamente el contrato con el banco - ahí debe estar especificado cómo funcionan exactamente en tu caso. Los diferentes programas varían: en algunos los intereses simplemente se difieren, en otros se capitalizan (se suman al capital del crédito), en otros incluso puede cambiar el plazo del crédito. No es un detalle menor - la diferencia en lo que terminarás pagando puede ser considerable.
El principal problema es que después de las vacaciones tu deuda no disminuirá, sino que puede incluso aumentar, porque los intereses se han estado acumulando. Luego tendrás que pagar una cantidad mayor, y probablemente en plazos más cortos - o pagar durante más tiempo de lo que habías planeado. Además, los bancos a menudo exigen documentos que demuestren que tienes problemas financieros, de lo contrario te rechazarán. Esto puede reflejarse en tu historial crediticio como una señal de dificultades, aunque las vacaciones en sí mismas podrían no quedar registradas.
Consejo práctico: si de todas formas decides tomar las vacaciones, no te quedes de brazos cruzados. Usa este período para pagar aunque sea parte del capital principal (la cantidad que pediste prestada originalmente), si tienes la posibilidad. Así la base sobre la que se calculan los intereses será menor, y lo que terminarás pagando de más no será tan alto. O mejor aún, considera si no puedes ahorrar la cantidad que te falta y pagar antes de recurrir a las vacaciones - a veces eso sale más rentable.