La cosa no es tanto DJ versus Spotify, sino más bien cuánto control querés tener vosotros sobre lo que suena. Con Spotify tienes la ventaja obvia: canciones que os encantan, sin intermediarios, y ahorros bastante pasta. Pero hay un detalle que la gente olvida: alguien tiene que estar pendiente toda la noche de la app, saltando canciones, subiendo volumen cuando baja, evitando silencios incómodos. Eso recae en vosotros o en un amigo, y créeme que es más trabajo de lo que parece cuando querés disfrutar la fiesta.
Un DJ en vivo cuesta más, pero lo que hace es que vosotros no estéis atentos a nada. El tío lee si la pista se aburre, acelera o frena según vea, y la transición entre temas es fluida. Además, un buen DJ sabe cómo meter canciones que no esperabais pero que funcionan, cosa que una lista prefijada no puede hacer. Dicho esto, si el presupuesto es ajustado, podéis probar un termo medio: contratar a un DJ solo para las horas clave (la entrada, el corte de tarta, los últimos bailes) y luego que Spotify haga el resto. Hay DJs que cobran tarifa reducida por "animación parcial" y es bastante más asequible que un turno completo.