Ambos fármacos funcionan por mecanismos diferentes, pero juntos crean una carga doble sobre el hígado y el estómago, es un hecho en el que los médicos están de acuerdo. El paracetamol se metaboliza en el hígado, mientras que el ibuprofeno irrita la mucosa del estómago y también sobrecarga el hígado. La ingesta conjunta aumenta el riesgo de efectos secundarios, especialmente si se toman regularmente o si hay problemas gastrointestinales.
En lugar de combinarlos, es mejor alternarlos: tomas paracetamol, y si después de 4 o 5 horas la fiebre vuelve a subir, entonces tomas ibuprofeno, luego paracetamol de nuevo después de unas horas. Este enfoque le da tiempo al cuerpo para recuperarse. Si la temperatura de 38,5 no baja ni después de tomar un solo fármaco, es una señal de que necesitas ver a un médico: podría ser una infección bacteriana que requiere otro tratamiento, no aumentar los antifebriles.
Y nota esto: la fiebre alta no siempre es mala, es una reacción defensiva del cuerpo. Hay que bajarla si la persona se siente muy mal, no andar persiguiendo números normales en el termómetro.