¿Tenemos derecho a rehusar adaptarnos a los cambios tecnológicos?
Mi madre se niega rotundamente a usar un smartphone, dice que es una opción filosófica mantenerse apegada a las relaciones auténticas. Yo estoy harto de explicarle cómo funcionan las cosas, pero entonces me pregunto: ¿tendrá razón en el fondo? ¿Es realmente un derecho decir que no a la tecnología o es solo nostalgia?