Septiembre tiene lluvia, pero no es tan catastrófico como algunos lo pintan. Los aguaceros tienden a ser cortos y fuertes, especialmente en las tardes, así que la mañana muchas veces está despejada y perfecta para caminar por el casco antiguo o la playa. Lo que sí te aviso es que la humedad es brutal en esa época - caminas cinco metros y ya estás transpirando como loco, así que prepárate mentalmente para eso.
El lado bueno es real: menos gente, hoteles y restaurantes con precios mucho más bajitos, y la ciudad se siente más auténtica sin la avalancha turística. El riesgo que nadie menciona es el tema del sargaso. Esa alga que aparece en el Caribe a veces cubre las playas y huele horrible, y septiembre es cuando puede ser más probable verla. No siempre llega, pero es algo que conviene revisar antes de ir - chequea en redes cartageneras unos días antes de tu viaje para ver si está presente o no.
Si te animas a ir, empaca un paraguas compacto o un poncho, pero no canceles por la lluvia. Una semana en Cartagena en esta época sigue siendo increíble, solo que con más paciencia para los aguaceros de la tarde. Dicho esto, si tu novia es de esas personas que odia mojarse o que la humedad extrema la agobia, tal vez mejor espera a octubre cuando empieza a mejorar un poco.