El Carnaval que conozco de antes funciona en realidad diferente a lo que muchos piensan: se trata menos de imponer reglas estrictas y más de que cada generación haga su propia versión. Lo que me parece interesante es que los jóvenes se lo toman en serio, solo que a su manera. Quizá les importa menos la corrección histórica de una máscara, pero en cambio les importa que todo sea divertido y que funcione en comunidad.
Lo que antes se consideraba "verdaderas tradiciones antiguas" también era a menudo ya una interpretación de tradiciones aún más antiguas. Las Schnitzelbänke que aún se practican tampoco han permanecido sin cambios durante 500 años: se adaptan. Lo importante es en realidad que la gente siga reuniéndose, disfrazándose, riendo y celebrando algo juntos. Ya sea que alguien se disfrace siguiendo reglas estrictas o simplemente se arme un disfraz salvaje cualquiera, al final es menos relevante que la pregunta de si la tradición sigue viviéndose.
Ahí quizá está el punto clave en tu observación: se trata menos de menor seriedad, sino de una forma diferente de vitalidad. Si todo dependiera solo de las formas clásicas y los jóvenes las rechazaran, claro que moriría. Pero mientras sigan celebrando, ya sea de forma tradicional o a su manera, el espíritu del Carnaval sigue vivo.