Los dolores de estómago y los problemas de sueño son respuestas físicas reales a la ansiedad, así que solo tranquilizarla no va a funcionar. Lo que realmente ayuda es dividir el examen en partes más pequeñas y menos aterradoras. Haz que estudie en sesiones cortas durante varios días en lugar de abarrotar todo la noche anterior, como 20 minutos al día. Eso solo reduce mucha ansiedad porque su cerebro no está sobrecargado y en realidad recuerda las cosas mejor. La noche anterior a un examen, salta el estudio por completo y haz algo tranquilo juntas en su lugar. Hazlo aburrido y normal, sin dramatismo.
También habla con ella sobre qué específicamente la preocupa. ¿Le asusta fracasar, o sacarse una mala nota, o verse estúpida? Una vez que lo sepas, puedes abordar el miedo real. A veces los niños catastrofizan: piensan que un mal examen significa que son tontos para siempre, lo cual obviamente no es verdad pero se siente real para ellos. Ayúdala a verificar la realidad: "Sacaste una B en el último quiz y todavía te está yendo bien en clase, ¿verdad?" Construye evidencia de que un examen no la define. Si la ansiedad es realmente intensa o le está afectando el sueño regularmente, menciona lo al doctor o al consejero de la escuela. Podrían tener otras estrategias u otro problema podría estar pasando.