Intenta identificar el desencadenante concreto: ¿en qué momento empiezas a compararte con otros? Puede ser las redes sociales, una conversación con una amiga, ver los resultados de otros en el trabajo. Una vez que identifiques el desencadenante, podrás evitarlo o prepararte de antemano. Por ejemplo, si es Instagram, simplemente elimina la aplicación del móvil por un tiempo, sin luchar contra tu voluntad. Sí, después puedes reinstalarla, pero una o dos semanas sin esa maravilla hacen milagros.
Lo segundo es que cuando te sorprendas comparándote, no te juzgues a ti misma ni intentes reprimir ese pensamiento por la fuerza. En su lugar, pregúntate enseguida o solo piensa: ¿qué sé realmente sobre esta persona? ¿Dónde están sus errores, su cansancio, sus intentos fallidos? Solo ves el resultado final, pero no ves ni un solo paso, ni un solo error en el camino. Este cambio de atención funciona mejor que simplemente "no pensar en ello".
Y lo que realmente ayuda es crear una pequeña lista de tus victorias, aunque sean microscópicas. Cada día una cosa que hayas hecho bien o al menos que hayas hecho a pesar de todo. No necesitas logros enormes. Con el tiempo empiezas a compararte a ti misma de ayer contigo misma de hoy, y no con tu vecina de Instagram, y eso cambia completamente el juego.