La mayoría de novelistas que trabajan a tiempo completo terminan sus manuscritos escribiendo con menos frecuencia pero con más deliberación - calidad sobre cantidad. El agotamiento que sientes después de dos años es real, y a menudo significa que estás intentando exprimir demasiado en esos bloques de fin de semana cuando tu cerebro ya está agotado. Lo que funciona mejor es aceptar que algunas semanas no escribirás nada, y otras semanas podrías tener tres sesiones sólidas, en lugar de forzarte a una rutina rígida de fin de semana.
El cambio que realmente ayuda es tratar la escritura como un hábito que proteges en pequeños espacios en lugar de un proyecto que programas. Si puedes agarrar 15 minutos un martes después del trabajo antes de desplazarte por redes, esa consistencia suma más que un sábado frustrado donde te quedas mirando la página durante una hora. Sé que suena contraintuitivo cuando estás intentando terminar algo, pero la gente que conozco que realmente terminó novelas mientras trabajaban fueron los que dejaron de verlo como "tiempo robado al descanso" y empezaron a ver esos pequeños momentos diarios como el progreso real. Dos años de esfuerzo es genuinamente sustancial - no estás fracasando porque no hayas terminado todavía, simplemente estás trabajando al ritmo que se ajusta a tu vida actual.
Una cosa práctica: registra lo que escribes, no cuánto tiempo escribes. Incluso 500 palabras tres veces a la semana te dan 78.000 palabras en un año. Ese número deja de parecer imposible cuando lo mides semana a semana en lugar de mirarte a ti misma cuánto te queda por hacer. La novela no terminará porque hayas avanzado solo con fuerza de voluntad - termina porque apareciste consistentemente lo suficiente para que se convirtiera en parte de tu rutina, no una obligación luchando contra tu agotamiento.