No te apresures a contactar a los profesores sin antes averiguar dónde se va realmente el tiempo. A veces son hábitos de estudio ineficientes, distracciones del teléfono o perfeccionismo con contenido que es "suficientemente bueno" en lugar de una carga de trabajo genuinamente excesiva. Ten una conversación tranquila con tu adolescente sobre su forma de trabajar: ¿está dividiendo las tareas en partes, tomando descansos de verdad, o estudiando sin parar durante horas? Si realmente está abrumado incluso con una buena gestión del tiempo, entonces sí, contactar a los profesores tiene sentido. Pero muchas veces los adolescentes no se dan cuenta de cuánto tiempo pierden o de que sus métodos de estudio podrían ser mucho más eficientes. También vale la pena lograr que se acueste antes de las 11 a más tardar, aunque las tareas no estén terminadas. Un cerebro cansado funciona más lentamente, así que dormir menos en realidad significa desperdiciar más horas.